Flow y trabajo – Parte 1

Flow en el trabajo

El trabajo es algo que quizá hoy escasee o donde te paguen menos que hace diez años por hacer lo mismo, pero es mucho más abundante que en cualquier otra época histórica, se realiza en condiciones de seguridad e higiene muy por encima de lo que nos podíamos imaginar hace 100 años y hay un abanico donde elegir bastante amplio. Es fácil que cualquiera estudie la carrera que quiera, y trabaja de eso que ha estudiado, un privilegio -el poder elegir- que a nuestros abuelos les hubiera parecido tan exótico como un marciano.

Y a pesar de todo, somos la generación más descontenta que ha existido con la carrera laboral, la que más habla de propósito o de sentirse realizado. Es normal que el descanso del café sea para quejarnos del marrón que nos acaba de caer, de lo mal que se gestiona en esta empresa o de los tacones tan horteras que lleva hoy Carolina. Pocos son los momentos en los que damos las gracias por vivir en un momento de la historia tan maravilloso y por tener un trabajo tan sencillo.

Está claro que todas estas horas sentados frente a una pantalla no nos hacen sentir bien, de hecho a algunos los va vaciando por dentro poco a poco, haciéndoles sentir que sus tareas no tienen sentido alguno. Justo en la época en la que es más fácil trabajar no somos capaces de disfrutar de ese trabajo tan sencillo que tenemos entre manos, ¿estamos enfermos, somos tontos o qué? Un buen sueldo no suele ser un buen remedio, y un buen horario a veces ayuda pero no es algo determinante para estar satisfecho con lo que hacemos.

¿Somos los desagradecidos que no valoran lo que tienen o es que hemos llegado a un punto en el que nuestras necesidades han cambiado?

Personalmente creo que nuestras necesidades han cambiado y al tener cubiertas las más básicas estamos buscando cubrir otras de nivel superior, como sentirnos realizados y sentir que formamos parte de una misión. El trabajo ocupa una gran parte de nuestro tiempo y ha dejado de ser un reto para la mayoría, ahora es simplemente un medio para adquirir ciertos lujos que nunca antes existieron en nuestra historia como hommo sapiens. Ya no tenemos que trabajar para sobrevivir y asegurar que nuestros hijos crezcan sanos o tengan una educación de calidad, y esto es un problema gordo.

Alimentación, salud, vestimenta, educación y refugio están asegurados de una manera o de otra si tienes el privilegio de vivir en el Primer Mundo. A algunos les costará más conseguirlo o lo que consigan será de mejor o peor calidad, pero ya le gustaría a mi bisabuelo haber tenido dos pares de zapatos por muy malos que fueran así como una ambulancia disponible las 24h cuando la necesitase o una “paguita” de 400€ si no encontraba trabajo.

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Creo que el problema es que ya no tenemos retos: el trabajo ya no es complicado como lo era para un artesano del siglo XV y desempeñarlo hoy no es condición para asegurar la existencia propia o supervivencia de nuestros descendientes. Si no tenemos retos — de verdad, no una pelea silenciosa con Manuel que nunca tiene suelto para café -no es de extrañar que cada vez más gente se enganche a actividades para suplir el hueco que la oficina no consigue.

Quizá esta es la razón por la que hay tantas personas haciendo deporte, creando música o escribiendo libros hoy en día: en el trabajo no somos capaces de sentirnos realizados y buscamos fuera de él esta sensación, nuestro propósito. Necesitamos retos, necesitamos entrar en flow y lo vamos a buscar de forma activa porque es una necesidad que ahora se hace fundamental, cuando el resto de pilares básicos están bien asentados.

Mientras nuestro enfoque hacia el trabajo siga siendo el mismo que el de los últimos 50 años y la gestión de los flujos del mismo no se dirija a acomodarlo a las nuevas metas, seguiremos teniendo empresas llenas de personas que no tienen una motivación real, que no entran en flow con lo que hacen y suplen esta carencia después de las 5PM. Tendremos empleados rindiendo a medio gas, con un nivel de compromiso muy bajo que perjudica tanto a empleado como empleador.

El artesano entraba en flow, igual que el campesino o el pastor, pero es muy difícil hacerlo con tareas per se, si estas son repetitivas y no se ha diseñado una experiencia alrededor de este estado. Es necesario este diseño si queremos personas felices y productivas, pues las motivaciones que tenemos han cambiado y por lo tanto deben hacerlo las recompensas.

Al diseñar tareas – y vidas – en torno al flow tendremos una sociedad más satisfecha consigo misma, personas más productivas y conscientes. Con respecto a sus empleados, la respuesta que se debería dar en las empresas a la pregunta “¿Porqué hacemos todo esto? “ es: lo hacemos para que estén en el estado ideal del ser humano, para que estén en flow.

Es probable que todo esto suene contraintuitivo, o simplemente estúpido pero solo hay que mirar a organizaciones que operan en entornos de máxima excelencia, startups que han tenido crecimientos exponenciales difíciles de explicar o a grandes mentes a lo largo de la historia: su productividad excepcional, su creatividad casi inhumana y los resultados tan certeros se deben en gran medida a que aprendieron a operar en flow. Lo hicieron unos por casualidad y otros por un nivel de consciencia extraordinario.

En el próximo post contaré como entran estas personas y organizaciones en este estado y como lo puedes hacer tú. Hasta entonces, lo mejor que podemos hacer es ir a la playa y surfear algunas olas, que no está nada mal para entrar en flow.

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